Ella le despidió con puntos suspensivos. Él pensó que era una coma.
El punto llegó pronto para ambos,
tan pronto como él vio la nueva frase,
que ella había escrito en el cuaderno
del nº2,
sin un solo signo de interrogación.
La pregunta de si era punto
y seguido no era planteable;
ambos habían gastado ya
la única exclamación posible.