"A vida é o que fazemos dela. As viagens são os viajantes. O que vemos, não é o que vemos, senão o que somos."
Fernando Pessoa

domingo, 16 de diciembre de 2007

El planeta en el bolsillo


El planeta entero cabe en un bolsillo. A veces, cuando ocurren ciertas cosas, es fácil guardarse el planeta en el bolsillo.
Yo no sé mucho del aire frío que corre cuando las boulangeries comienzan a cocer baguettes en el horno. No sé mucho del aire pero lo intuyo, y a veces lo adivino.
A veces un elefante cabe en una maleta y otras veces no hay espacio para una onza de chocolate. Todo depende. Depende de lo que queramos llevar con nosotros.
Siempre has pensado que los dioses, los antiguos dioses, son los únicos que pueden decirte dónde comienza el océano y termina la tierra. Y un buen día descubres que no existen líneas de demarcación. Pero tú ni siquiera sabes para qué sirve el océano.
Ne t’en fais pas. Sólo tienes que escribir en letras grandes en los muros para que no se te olvide. Muchas de las hojas picudas que crujen en el suelo y que te gusta pisar y que se deshagan sólo están hechas de casualidades. Nunca se sabe cuál será la que no toque la acera porque se te quede enredada en el pelo. A veces sorprende.
Es difícil mirar por la ventana. Es muy fácil mirar el cristal; lo complicado es intentar fijar la vista en los tejados rojos. Y en los marrones.
“¿Merece la pena?” es una pregunta caduca. La respuesta es inevitable. La respuesta es: inevitable.
Y el cielo rosa de frío se llenó de nubes y comenzó a verterse. Una niña echó de menos estar tumbada en la alfombra y, agotada hasta la extenuación, mirar los ratones de la Cenicienta. Pero a veces la madera reconforta. La madera es mucho más calida que una fila de dientes mojados de sal. Parce que j’étais faible, j’ai été intransigeant , dijo una vez Charles de Gaulle. No es raro tener miedo a la vulnerabilidad. Y el miedo es el motor del mundo, aunque a veces lo paralice. Afortunadamente, la luna tiene los mismos cráteres desde cualquier vidrio.
Tienes que aprender que no soportas el sabor del café y que la pasta de dientes la prefieres líquida. No se puede dudar sobre ciertas cosas. Como, por ejemplo, que las ciudades no existen, ni las carreteras ni los puestos de cromos. Y da igual lo que digan. No hace falta ir a Finlandia en bicicleta para saber que tienes principios. Es cierto que el cajón se llenó de polvo y las termitas se han comido una buena parte del tirador. Sólo digo que si buscas los principios podrás encontrar los finales sin dificultad. Y da igual lo que digan.
El agua vuelve ineficaces a las personas: inviertes demasiado esfuerzo en mover el puño y acabas golpeando a alguien sin hacerle daño. Gasto inútil de energía.
Menos mal que bajo la tinta se puede reír a carcajadas.
Cuando estás al volante y el paisaje se vuelve borroso porque los ojos se llenan de lágrimas, ¿es mejor sonreír o dejar de conducir un momento?
La nieve aún no ha llegado a Lyon pero es curioso como puedes sentir calor en las manos a diez grados bajo cero. Serán las castañas.
Es imposible hacer caso a todos a la vez. A veces, los primeros; a veces, los segundos; a veces, los terceros; a veces, ellas; muy pocas veces, tú. Y, a veces, los últimos serán los primeros.
Con la que está cayendo últimamente…
En cualquier caso, siempre he dicho que tendrían que existir amapolas naranjas.
Pero, para no mentir, las rojas son tan bonitas…

1 comentario:

manu dijo...

No "entendio" ni un pimiento, pero no sé porqué me viene a la cabeza una canción que decía algo así como :

Te dejamos nuestras herencias,
te marcamos un sendero,
te decimos lo que es malo
y lo que es bueno, pero...

Ni los vientos son cuatro,
ni siete los colores,
y los zarzales crecen
junto con las flores.

Y hacer tuyo el camino,
que tuyas son las botas.
Que una sonrisa pueda
dar a luz tu boca.

Abrázate a los vientos
y cabalga los montes.
que no acabe el paisaje
con el horizonte.

Que el sol sólo es el sol si brilla en ti
y la lluvia sólo es lluvia si te moja al caer.
Vivir para vivir.
Sólo vale la pena vivir … para vivir.